35
Nunca imaginé mi vida después de los 35.
Nunca imaginé mi vida después de los 35 años.
No porque pensara que no llegaría.
Sino porque nunca proyecté esa imagen.
No tengo un vision board.
No tengo plan B.
Pero aquí estoy.
Escribo esto desde el comedor de mi departamento en la Condesa.
Un día después de cumplir 35.
Raquel dormida en el sillón.
Una taza de café — la cuarta del día — enfriándose mientras intento entender qué siento.



Estoy sola en mi casa, pero no la siento vacía.
Y, al mismo tiempo, sí.
El hogar lo traigo conmigo.
Mi hogar soy yo.
Pero hay un silencio nuevo. Uno que no conocía.
Los 35 me agarraron muy cansada, y bastante harta tbh.
En una semana pico de entrenamiento.
Con derrame subconjuntival por estrés que parece disfraz de Halloween.
Con un cuerpo es más fuerte que nunca… pero una mente que falta entender exactamente hacia dónde va.
Los 35 me agarraron cuestionando si exigirme tanto es saludable.
Si la disciplina sigue siendo virtud o evasión.
Si cuatro cápsulas de Nespresso al día son por gusto y energía o ansiedad disfrazada.
Los 35 me agarran muy nostálgica y lejos de mi familia, como han sido los últimos 17 años.


Me agarran lejos mis papás y del Alberto en Obregón.
Lejos del Gil en Londres.
Lejos de la versión de mí que pensé que conocía.
Estoy en una ciudad que todavía es nueva.
Una ciudad que apenas estoy aprendiendo a navegar.
Soltera, pero no sola. Aunque dice la Gaby N., mi amiga que el derrame que traigo en el ojo es una reacción alérgica a estar soltera. Puede ser. Nunca he durado más de 6 meses soltera en los últimos 10 años. Mi objetivo es estarlo al menos 12 meses. *no les enseño foto de esto porque van a dejar de leerme.
Tengo la fortuna de ser sostenida por amistades de años, y amistades nuevas.
Siempre acompañada.
Y, aun así, atravesada por una nostalgia que no sé nombrar.
Hay algo que nadie te dice de cumplir 35:
No es la edad.
Es el vacío que deja la narrativa que pensabas que ibas a tener.
Yo pensé que a esta edad ciertas piezas ya estarían acomodadas.
Que habría una claridad distinta.
Que el mapa estaría más definido.
Pero no.
Me agarran indecisa profesionalmente,
pero con una energía creativa que no sentía desde mis 25.
Me agarran agradecida por el regalo que mis papás me dieron.
Ese talento, esa disciplina, esa capacidad de resiliencia que no se compra ni se vende.
Nací con ella. Y ahora la estoy llevando a su máxima expresión.
Me agarran muy curiosa.
Con hambre de conocer el mundo y a todas las personas que lo habitan.
Con ganas de explorar, de conocer, de encontrarme con personas que admiro.


Sobre todo, me agarran en incertidumbre.
Pero no sé habitar la incertidumbre.
Siempre he entendido, planeado, empujado con un rumbo claro.
Pero no sé quedarme quieta cuando no tengo respuestas.
No sé aceptar que alguien tenga miedo de amarme.
No sé entender a tiempo cuándo algo no es para mí.
No sé mirar fotos y repetirme que en sus vidas ya no hay espacio para mí.
La educación sentimental nunca fue mi fuerte.
La disciplina sí.
El control sí.
El rendimiento sí.
Pero el vacío…
ese es nuevo.
Cumplir 35 no me trajo certezas.
Me trajo preguntas.
¿Quién soy cuando no estoy ejecutando un plan?
¿Quién soy cuando el futuro no está planeado en mi Google Calendar?
¿Quién soy cuando no hay una competencia para cual entrenar?
Nunca imaginé mi vida después de los 35, pero quiero construirla sin la presión de que “ya debería saber” o “ya debería ser esto, o tener aquello”.
Sin la expectativa de que todo esté resuelto.
Sin la narrativa prefabricada que el capitalismo y el patriarcado escribieron para mi.
Si algo he aprendido en 35 años es esto:
La incertidumbre no me está matando. Me está diciendo que hoy, todas las posibilidades están abiertas, solo tengo que verlas, tomarlas y aprovecharlas.
Y que el vacío no es ausencia… es espacio.
Espacio para reconstruir.
Espacio para amar distinto.
Espacio para decidir sin miedo.
Espacio para habitarlo sola.
Los 35 no llegaron con respuestas, sino con muchas preguntas.
Llegaron con silencio.
Y por primera vez, estoy aprendiendo a no llenarlo con ruido.
xx Norma Coker.

35 never looked so good
Hay algo muy poderoso en lo que escribes, cuando se cae la narrativa que creíamos que debía tener nuestra vida, aparece ese silencio del que hablas.
Pero muchas veces ese silencio no es pérdida, es espacio para escribir una historia más propia.
Gracias por compartir algo tan humano.